Los fantasmas que persiguen la experiencia del cliente

Hay fricciones que la tecnología todavía no ha logrado hacer desaparecer

En CX, algunos de los problemas más relevantes no siempre son visibles.

Aparecen entre sistemas que no conversan, procesos que pierden contexto, interacciones que obligan al cliente a repetir información o iniciativas de inteligencia artificial que funcionan como pilotos, pero todavía no transforman la operación.

Son fricciones que pueden pasar desapercibidas durante meses y, sin embargo, terminan afectando la eficiencia, la confianza y la relación con el cliente.

Podríamos llamarlos los fantasmas de la experiencia del cliente.

Y están ganando terreno en un contexto donde las expectativas evolucionan más rápido que muchas organizaciones. El 70% de los ejecutivos consultados por PwC afirma que las expectativas de los clientes están evolucionando más rápido de lo que sus compañías pueden adaptarse.

El desafío, entonces, no consiste únicamente en incorporar nuevas tecnologías.

Consiste en identificar aquello que sigue generando fricción incluso cuando la organización ya está invirtiendo en transformación.

La información existe. El desafío es conectarla.

Una organización puede tener CRM, plataformas de atención, herramientas analíticas, canales digitales y grandes volúmenes de información.

Pero tener datos no significa necesariamente tener contexto.

Cuando la información permanece fragmentada, cada interacción comienza parcialmente desde cero. El cliente puede terminar explicando nuevamente su situación, mientras diferentes equipos consultan sistemas distintos para reconstruir una historia que debería estar disponible desde el primer contacto.

La conexión entre datos, canales y sistemas permite construir una visión más completa del cliente y convertir información dispersa en contexto para la operación.

Según Salesforce, las organizaciones que unifican los datos de sus canales de servicio tienen 1,4 veces más probabilidades de lograr una implementación de IA considerada muy exitosa. La pregunta ya no es cuántos datos tiene una organización. Es qué tan rápido puede convertirlos en contexto, inteligencia y decisiones.

Cuando la operación se vuelve más compleja que el cliente

Más canales no necesariamente significan una mejor experiencia.

La complejidad aparece cuando cada punto de contacto tiene procesos diferentes, cuando los sistemas no comparten información o cuando la responsabilidad sobre una interacción pasa de un equipo a otro sin conservar el contexto.

El resultado puede ser una experiencia fragmentada, incluso cuando cada área está cumpliendo correctamente con su parte.

Una experiencia conectada necesita una operación conectada.

Por eso, transformar CX también implica revisar lo que sucede detrás de cada interacción: cómo circula la información, dónde se producen las esperas, qué procesos generan contactos innecesarios y en qué momentos la tecnología puede eliminar pasos que ya no agregan valor.

La experiencia que recibe el cliente es, muchas veces, el reflejo de la arquitectura que existe detrás.

La eficiencia también es parte de la experiencia

La inteligencia artificial está modificando la manera en que las organizaciones gestionan sus operaciones de servicio.

Pero la conversación relevante ya no debería ser únicamente cuánto puede automatizar una empresa.

Debería ser qué puede hacer mejor gracias a la automatización.

Ahí aparece una oportunidad mucho más interesante. Que las personas puedan concentrarse en situaciones complejas, excepciones, decisiones que requieren criterio y momentos donde la empatía tiene un papel determinante.

La eficiencia, entonces, deja de ser únicamente una conversación sobre costos.

También se convierte en una conversación sobre dónde una organización decide poner su capacidad humana.

Personalizar es entender el contexto

Hay una diferencia entre reconocer a un cliente y comprenderlo.

Llamarlo por su nombre puede ser personalización. Pero entender por qué contacta, qué ocurrió antes, qué necesita ahora y qué información puede hacer más relevante la siguiente interacción es otra dimensión completamente diferente.

La personalización efectiva depende del contexto.

Y el contexto depende de cómo una organización utiliza los datos que tiene disponibles.

Esto plantea una ecuación cada vez más importante para las empresas:

más información no necesariamente significa más valor.

El valor aparece cuando los datos se convierten en relevancia, cuando la tecnología comprende el contexto y cuando esa inteligencia se utiliza de una manera que el cliente percibe como útil, no invasiva.

De los pilotos de IA a la transformación real

La inteligencia artificial ya no es únicamente una conversación sobre innovación.

Para muchas organizaciones, empieza a formar parte de decisiones relacionadas con productividad, servicio, conocimiento y experiencia.

Pero implementar IA no significa necesariamente transformar CX.

La transformación ocurre cuando la tecnología se integra a la operación, aprende de ella y permite tomar mejores decisiones.

También cuando se entiende dónde la intervención humana sigue siendo esencial.

El 86% de los consumidores consultados por PwC considera que la interacción humana es moderada o muy importante dentro de su experiencia con una marca, mientras que el 58% afirma sentirse solo algo cómodo o nada cómodo utilizando herramientas de IA para interactuar con marcas.

La evolución, por tanto, no plantea una elección entre personas y tecnología.Plantea una oportunidad para diseñar una relación más inteligente entre ambas. La pregunta no es cuánto puede hacer la IA. Es dónde puede generar mayor valor dentro de la experiencia.

Algunos problemas no desaparecen. Se vuelven parte de la rutina.

Una transferencia más, una respuesta que llega tarde, un cliente que debe explicar nuevamente su situación, una alerta que nadie interpreta a tiempo, un dato que existe, pero permanece aislado.

Cada una puede parecer una fricción menor.

El problema aparece cuando deja de ser una excepción y comienza a formar parte de la experiencia habitual. Por eso, gestionar CX requiere mirar más allá del punto de contacto. Implica entender la relación entre datos, tecnología, procesos, personas y resultados de negocio.

Hacer visible lo que estaba pasando desapercibido

Los fantasmas de CX dejan señales.

Datos desconectados.

Procesos fragmentados.

Interacciones sin contexto.

Automatización sin estrategia.

Información que llega demasiado tarde.

La diferencia está en la capacidad de identificarlas, entender qué las genera y convertirlas en información accionable.

Ahí es donde la inteligencia artificial puede adquirir una dimensión diferente: no como una tecnología que simplemente automatiza, sino como una capacidad que ayuda a las organizaciones a comprender mejor lo que ocurre en su operación y actuar sobre ello.

Atent.AI es la suite tecnológica de CX y EX impulsada por IA de Atento, diseñada para acompañar a las organizaciones en esa evolución y llevar inteligencia a distintos momentos de la experiencia y la operación.

Porque quizá el verdadero reto no sea encontrar nuevos caminos para la CX.

Sea aprender a ver aquello que llevaba tiempo ocurriendo frente a nosotros.

Y, una vez identificado, decidir qué hacer con ello.

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